El pánico generado mundialmente por la aparición de la influenza porcina, que especialistas en epidemiología han vinculado con las condiciones en las que se cría a los cerdos en las granjas industriales, ha derivado (entre otras acciones) en la renuencia de un sector poblacional a consumir carne de cerdo. Se sabe que este virus tiene secuencia en cerdos, aves y seres humanos, aunque hasta el momento no se haya identificado el tipo de mutación que lo originó. No obstante, la industria cárnica tienen incidencia directa en esta problemática, por los tan altamente cuestionables sistemas de producción que ejecuta.
Pese a ello, dos dependencias gubernamentales en México, la SAGARPA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) y la SSA (Secretaría de Salud), emitieron un boletín en el que textualmente puede leerse:
"La carne de cerdo mexicana es un producto nutritivo y sano. No existe ningún riesgo de contagio de influenza por consumir carne de cerdo o sus derivados. El estado sanitario de los cerdos es uno de los más supervisados y reconocidos a nivel mundial. El virus de la influenza no tiene qué ver con la porcicultura nacional".
Con este boletín, que no es informativo sino persuasivo, SAGARPA y SSA impulsan la reactivación de la porcicultura en México, que ha registrado pérdidas a partir del brote de este virus, subestimando los daños que el consumo de carne ocasiona a la salud humana, a partir de las enfermedades que los animales desarrollan al vivir en las deplorables condiciones de cualquier granja industrial.
Estas omisiones demuestran cómo los intereses económicos se imponen a la necesidad de informar y prevenir a la población, ya que SAGARPA y SSA no han hecho difusión alguna del vínculo existente entre la epidemia y los sistemas de producción cárnica. No reconocen públicamente que las granjas industriales son un auténtico cultivo de virus, dadas las condiciones de extrema insalubridad, hacinamiento y manipulación química a las que someten a los animales.
Años atrás se suscitó el fenómeno de las "vacas locas", posteriormente la gripe aviar. Ambos acontecimientos desembocaron en la matanza "anticipada" de millones de animales, y en la alarma social. Ahora se da la influenza porcina y una vez más, lamentablemente, se constata la incapacidad de los gobiernos para atender la raíz de un problema de esta naturaleza, ocupándose únicamente de sus consecuencias.
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