Nuno Pardal Ribeiro, presidente de la Asociación Nacional de Toreros en Portugal y destacado miembro del partido ultraderechista Chega, enfrenta graves acusaciones de prostitución de menores. Mientras defendía públicamente la castración química para pederastas, su vida privada revela una oscura contradicción que pone en evidencia la degradación moral de quienes justifican la tauromaquia y otros actos de crueldad. Este caso no solo expone la hipocresía de un individuo, sino que también cuestiona la integridad de quienes normalizan la violencia hacia los más vulnerables, ya sean humanos o animales.
Nuno Pardal Ribeiro, un hombre que ha dedicado su vida a la tauromaquia y a la política, está acusado por el Ministerio Público portugués de dos delitos agravados de prostitución de menores. Según la acusación, en julio de 2023, Ribeiro mantuvo relaciones sexuales con un adolescente de 15 años a cambio de dinero, a pesar de saber que el joven era menor de edad. Este caso no solo revela una grave violación de los derechos de los menores, sino que también expone la doble moral de un individuo que, mientras defendía públicamente la castración química para pederastas, cometía actos que él mismo condenaba.
La tauromaquia, defendida por Ribeiro como presidente de la Asociación Nacional de Toreros, es otra forma de violencia normalizada. Los toros son sometidos a un sufrimiento extremo en nombre de la tradición, una práctica que refleja la misma falta de empatía y respeto por la vida que se observa en los actos de explotación sexual de menores. Ambos casos son síntomas de una sociedad que tolera y justifica la crueldad hacia los más vulnerables.
Este caso no es solo un escándalo político o personal; es un reflejo de una problemática más profunda. La explotación de menores y la tauromaquia comparten una raíz común: la normalización de la violencia y la deshumanización de las víctimas. Según Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España, "quienes justifican la tortura de animales en espectáculos como los toros son capaces de normalizar otras formas de violencia, incluida la explotación de seres humanos. La falta de empatía no tiene límites".
Los datos son alarmantes. En Portugal, la tauromaquia sigue siendo legal, a pesar de que el 74% de la población se opone a esta práctica, según encuestas recientes. Este caso de explotación de menores, protagonizado por un defensor de la tauromaquia, refuerza la necesidad de cuestionar no solo las acciones individuales, sino también las estructuras sociales y culturales que permiten que estas formas de violencia persistan.
La solución a estos problemas radica en un cambio profundo en la forma en que la sociedad percibe y trata a los más vulnerables, ya sean humanos o animales. Es fundamental promover una educación basada en la empatía y el respeto por la vida en todas sus formas. Las leyes deben ser más estrictas para proteger a los menores y prohibir prácticas crueles como la tauromaquia.
Organizaciones como AnimaNaturalis trabajan incansablemente para crear conciencia sobre la conexión entre la violencia hacia los animales y la violencia hacia las personas. "No podemos seguir tolerando actos de crueldad, ya sea contra un toro en una plaza o contra un menor en situación de vulnerabilidad. La justicia debe ser igual para todos", afirma Gascón.
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